¿Por qué es tan necesario terminar el secundario?

Hay miles de razones por las que no terminamos el secundario.

Pero también hay miles de razones por las que deberíamos terminarlo.

Les voy a hablar de mi caso particular, de por qué dejé el secundario y por qué más tarde lo terminé (y me cambió la vida).

Ojalá les sirva de inspiración.

Un cambio completo

Cuando estaba cursando el tercer año del secundario mi novia me dijo que íbamos a ser papás.

Sin dudas fue una gran noticia, una hermosa noticia, pero no puedo negar que me desconcertó bastante. Y más a esa edad.

Por suerte nuestras familias nos apoyaron en todo y cuando nació “Abi” la felicidad fue enorme.

Pero claro, las cosas cambiaron completamente: cuando antes sólo pensaba en jugar al fútbol, estar con mis amigos y salir a bailar, tuve que empezar a pensar en pañales, mamaderas, ropa para bebés, y cómo conseguir dinero para afrontar todo eso.

Es por eso que llegamos a un acuerdo con mi novia: ella seguiría estudiando y yo buscaría un empleo de tiempo completo.

Así fue que transcurrimos los primeros años de paternidad; ella terminó el secundario y yo me mantuve en mi empleo; todos felices.

Aunque claro… yo sabía que me faltaba algo.

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La mirada del otro

Abandonar el secundario y comenzar a trabajar fue una decisión de la cual no me arrepiento, pero sí debo decir que en algunos momentos me hizo sentir en inferioridad de condiciones frente a algunas personas.

Por ejemplo cuando conocía a alguien y surgía el tema del estudio, solían preguntarme ¿en qué año estás?, y luego se producía un breve silencio incómodo cuando yo les respondía “no estudio, trabajo”.

Es que con 17 años se supone que todavía estás en el secundario, y decir que no estudiás genera una decepción instantánea, y hasta un poco de lástima.

Después, con el correr de los años, la pregunta cambió: “¿qué estudiaste?”, me decían, y la respuesta era “no estudié, empecé a trabajar antes de terminar el secundario”. La reacción era la misma: un breve silencio y una mirada de pena.

Y yo no quería que nadie sintiera pena por mí. Por eso sentía que me faltaba algo.

Avanzar

Yo sabía muy bien que que en algún momento debería enfrentar “el tema del estudio”, pero por alguna extraña razón lo seguía postergando. Siempre encontraba una excusa para no pensar en eso.

Pero todo cambió un día, así de repente, como suelen ocurrir estas cosas.

Recuerdo que ese día había entrado a trabajar muy temprano. Seguía trabajando en la misma empresa desde hacía más de 10 años, donde había comenzado haciendo tareas de limpieza y con el tiempo había logrado un ascenso dos veces.

Recuerdo que ese día mi superior me llamó a su oficina y con cara seria me dijo algo que ya me había dicho en muchas oportunidades:

“Diego, sabés que no podés seguir más en este puesto, te queda chico, vos tenés que estar más arriba, pero para ese puesto tenés que tener el secundario terminado, ¿qué vas a hacer?”.

Mi respuesta era siempre la misma:

“Sí, ya lo sé, algún día lo voy a hacer”

Pero increíblemente aquella mañana las palabras que salieron de mi boca fueron otras:

“Tenés razón, voy a terminar el secundario”.

Y los dos nos miramos sorprendidos, porque ninguno esperaba escuchar esas palabras. Entonces él me dio un abrazo paternal y me felicitó.

Enfrentar los miedos

Recuerdo que me pasé todo el día pensando en eso.

¿Por qué había respondido de esa manera? Sabía muy bien que aquella respuesta espontánea no había sido por un nuevo ascenso (aunque eso significaba duplicar mi sueldo actual).

Había sido por otra cosa, por aquello de no seguir dando pena, por aquello de que me faltaba algo.

Y se sintió muy bien sacarlo de adentro. Se sintió realmente muy bien escucharme decir esas palabras “voy a terminar el secundario”.

Y se sintió mucho mejor cuando se lo conté a mi novia, que para esa época ya era mi esposa. Recuerdo que se puso muy contenta y se largó a llorar, porque ella nunca me lo dijo pero siempre quiso que yo terminara de estudiar.

Y fue ahí mismo que sentí miedo.

Miedo de decepcionarla.

¿Y si me iba mal? ¿Y si no podía hacerlo?

¡Hacía tanto tiempo que no tocaba un libro!

Secundario Fácil

Por suerte mis amigos y mi familia me ayudaron muchísimo. Ellos se encargaron de averiguar cómo era el sistema para terminar el secundario en 2 años y me llevaron toda la información necesaria para que pudiera inscribirme.

Y así comencé nuevamente mi estudios.

Tengo que decir que abrir un libro nuevamente fue mucho más fácil de lo que esperaba. Y estudiar no resultó ser algo aburrido como recordaba.

Tal vez sea la edad, el momento de mi vida, pero leía los temas con muchas ganas, y cada nueva cosa que aprendía me hacía sentir orgulloso.

Hubo días en los que quería llegar rápido a mi casa para leer un tema.

Resultó muy fácil estudiar una sola materia por mes, y muy enriquecedor, porque estaba aprendiendo de verdad.

Me sentía muy feliz.

Y así se me pasó un año y unos meses volando, sin que me diera cuenta.

El último día, cuando me dijeron que me había recibido no lo podía creer: ya tenía mi título.

¿Por qué esperé tanto tiempo para hacerlo? Creo que los miedos a veces nos paralizan y nos hacen “patear las cosas para más adelante”.

En estos dos años conocí a mucha gente de la cuál me hice muy amigo, y tuve unos tutores increíbles, que me ayudaron y me apoyaron en todo momento.

De ellos aprendí una frase que me motivó a seguir adelante:

“¿Sos de las personas que dejan que las cosas pasen? ¿o de los que hacen que pasen las cosas”

Yo era de las primeras, dejaba que las cosas por sí sola ocurrieran, y si pasaba algo bueno pasaba, y si no, mala suerte.

Ahora soy de las segundas, yo tomo las riendas y hago que las cosas ocurran, porque ahora tengo más confianza en mi mismo y mi vida mejoró muchísimo.

Mi supervisor me dijo que para el próximo ascenso tengo que tener un título universitario, así que estoy viendo qué carrera puedo hacer.

Pero esa es otra historia, una historia que me estoy encargando de que ocurra en este momento.

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